8/4/11

Lejos… Dentro de Mí


¿Es necesario ser tan apático…?
¿Es necesario ser tan indiferente…?
¿Es necesario ser tan…?
¿Es necesario…?



Lejos… Dentro de Mí



Esa mañana me levante si ganas de levantarme, sin ganas de volver a acostarme…
Sin ganas de abrir los ojos, ni de cerrarlos, sin ganas de respirar, sin ganas de caminar… 
Sin ganas de nada… sin ganas de tener ganas.

Llegue unas horas después al lugar donde tenía que desarmar y deshacerme de viejos artilugios… de viejas maderas y fotografías desteñidas… de promesas sin cumplir.

El lugar estaba abandonado, era una vieja maestranza… el lugar era muy desolador… muy sombrío… tenia lugares bastante crípticos, era curioso ya que en esos lugares era donde me sentía más cómodo, más tranquilo… mi trabajo era arrojar por el agujero improvisado de una muralla de adobe los viejos cuerpos de madera que yacían por toda la maestranza, después de lanzar unos 100 cuerpos astillosos… me senté en una silla muy vieja en el lugar mas oscuro de la maestranza… mis ojos recorrían todo el lugar encontrando millones de figuras y paisajes salidos de las más macabras pesadillas…
El silencio me absorbía… y justo antes de perderme… saque un cigarrillo de uno de los bolsillos de mi overol… voy en busca de mi encendedor… cae al suelo y al recogerlo… veo que del techo baja un pequeño rayo de luz que daba junto a mi pie izquierdo… era la luz más cercana que tenía en varios metros.

Primera chispa.
Segunda chispa.
El cigarro se enciende.
Cierro los ojos.
El silencio me consume, al abrir los ojos veo como el humo juega con el rayo de luz…me quedo pegado, suspendido en el aire varios segundos mirando las figuras y formas que hace el humo en la luz… a ratos aparecen figuras humanas, parecían almas como si fuesen los fantasmas de las maderas ya secas.

El ladrido de un perro a lo lejos me dice que ya es tiempo que vuelva a mi trabajo
sigo arrojando las maderas a través de agujero varias maderas astillan mis manos, 
otras intentan rasgar mis brazos con sus clavos oxidados, otros torcidos como aforrándose a una última esperanza, intentando no abandonar la vieja maestranza.

El agujero ya está casi lleno… desde lejos parece una fosa común, hay restos de los cuerpos en el suelo… restos fracturados… restos de recuerdos olvidados,  ya quedan pocos... solo unos cuantos en el suelo… los hoyos en las maderas donde estaban los clavos parecen ojos y si se les mira fijamente pereciese que te miraran… que te suplicaran por una oportunidad… por un último deseo antes de caer a la fosa común.


En la soledad de la maestranza llegan a mi cabeza con ciertas preguntas… ¿no estaré volviéndome loco?... ¿pero si son solo maderas secas? o ¿no?
Pero me siguen mirando…     

De pronto… los cadáveres ya se terminaron y la hora de mi salida de la solitaria maestranza llego a mis pies… con cierta nostalgia me marcho del lugar…

Mientras caminaba alejándome de la maestranza… llame a la lluvia la cuida mis sueños… con la que bailo en el viento por las noches de luna llena…
Y no contestó… solo hubo una ráfaga de viento frió que me congelo la garganta.

Mientras esperaba a saltar una de las esquinas del mundo… llego unos de esos amigos de esos que sabes que lloraran para tu funeral, deambulamos por las venas contaminadas de esta maldita ciudad, tratando de alejarme de todo lo que veía... cerré mis ojos y llegue a uno de esos planetas donde la noche depende cual abierto tengas los ojos, donde he perdido mis pinturas, mis llaves para regresar a casa. 
Refresque mi garganta con sabia de árbol más lejano, de ese árbol que te abraza cuando lo miras con atención, subí a su copa y tome una siesta entre sus ramas, baje un una hoja seca al compás de las próximas lluvias, llene mis pulmones con humo dulce de plantas acuáticas, plantadas en las nubes más altas del cielo y me hundí… me hundí en el pasto donde repose mis huesos y caí… caí infinitamente dentro de mi, dentro de mi memoria, dentro de mis fosas comunes, dentro de mis desiertos, vague por solitarios pensamientos y me oculte bajo mi mal humor y mi pesar, me oculte para no verme para no saber nada de mi, nada de nada… pero seguía cayendo por mi garganta, por mis brazos hasta llegar a las ruinas de mis espalda, donde los golpes se pueden ver en cada rincón donde se puede escuchar el retumbar de mi corazón donde antiguamente se le podía encontrar.

Llego a mi mano derecha a través de una costilla rota y en la cima de mis dedos  hay una nave… es la nave del olvido, es la nave que trae los rayos del sol que aún no veo, camino hacia ella pero ya se está marchando, solo dejó algunas huellas de su aterrizaje… miro hacia arriba  para ver a donde fue pero lo único que encontré fue un incendio en mi frente, el fuego se había apoderado de mi frente ya casi me consumía toda la cabeza… iba en dirección a mis ojos que se encontraban distraídos… uno abierto para ver al asesino oculto tras la flores y el otro cerrado para poder ver las flores… comienzo a escalar por mi hombro, paso por mi oreja donde el calor derretía las voces que pretendía escuchar, llego a mi nuca y veo la hoguera… veo como arden mis pensamientos, mi olvido, mi locura, mis alucinaciones post mortem, mis pobres y quebradizos recuerdos ardían entre las llamas… y yo… parado frente a todo ese espectáculo alucinante y cruel… las llamas acariciaba mi cara invitándome a su danza pirómana, el calor derretía mis zapatos y yo en medio de esa hoguera sentía tanto frío, tenía los labio azules, las manos congeladas, mis palabras cristalizadas y sin darme cuenta caí dentro de la hoguera… y caí, caí, caí, caí, caí infinitas veces dentro del agujero de mi cabeza, nunca deje de caer… por un momento pensé que había muerto en el trayecto, ya que no tenía miedo, no sentía miedo, ni vértigo… sentía tanta paz tanta tranquilidad, como si las llamas  acariciaran mi cuerpo con tanto amor, con tanta ternura.

El viento en mi cara apaciguaba la nostalgia 
La velocidad  de la caída aumentaban los latidos de mi corazón… sentía la sangre fluir por mis venas… me sentía tan vivo dentro de mi propia caída…    

El viento golpeaba mi cara con fuerza, me costaba respirar tan rápido que el viento pasaba por mi cara, mis manos jugaban con el viento, con los ojos cerrados era como estar flotando… volando… suspendido en el tiempo y en el espacio…

-          Mete la cabeza en el auto heon, que te vai a caer…

Dice mi amigo que iba manejando con los ojos enrojecidos…  me senté en el asiento sin decir ni una palabra… abroche mi cinturón… saque un cigarrillo…

-          Puta que buena esta canción, me acuerdo de la playa con este tema heon…
he bueno… ¿cierto?...

Lo mire sonriendo… y subí la radio a todo volumen… prendí el cigarrillo que vagaba por mi mano…  y cerré mis ojos.




¿Es necesario no ser tan apático…?
¿Es necesario no ser tan indiferente…?
¿Es necesario no ser tan…?
¿Es necesario…?









B/F
Enero/2010

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