“Y bajo la mirada tenebrosa de los dioses
Se reencontraron comunicando silencio.
Los pezones de la mujer se derretían exquisitamente en el aire mientras se alejaba,
El despertó con un sabor extraño a frutas en su boca, y despertó…”
Se reencontraron comunicando silencio.
Los pezones de la mujer se derretían exquisitamente en el aire mientras se alejaba,
El despertó con un sabor extraño a frutas en su boca, y despertó…”
El deseo ebrio y el olvido
Sentados en un
agujero en la esquina del mundo, veían hacia afuera a través de bombillas
espumosas. Saliendo del agujero pateando los últimos rayos del sol caminaban
por túneles subterráneos, guardado el silencio incómodo y solo escuchando la
respiración de la nada… caminado bajo los neones espías, ocultándose entre las
sombras bebiendo realidad mágica… conversando en alaridos de impaciencia,
acercándose al choque de dos planetas.
1er golpe un
regalo.
2do golpe el deseo.
3er golpe y la
inevitable colisión. (Por lo menos para uno de ellos deseaba que fuera
inevitable).
Colisión
violentamente secreta, violentamente dulce, violentamente esperada, deseada,
Violentamente
exquisita, violentamente olvidada, violentamente dolorosa…
Un momento
violentamente eterno… hasta el olvido volaba por trozos montado en estrellas
fugaces, tratamos de olvidar todo… por lo menos esa era la intención…
El
olvido y el reencuentro
Praderas flotantes
con humo rosa en los labios
Trataba de esconder
el miedo y el sabor de la colisión anterior…
Reían mientras
flotaban en el mar interno de la tierra, en una de sus venas, en una de las más
sucias… prendieron fuego y danzaron en fotogramas mal expuestos, entrando y
saliendo de distintos escenarios, en uno de los miles por los que pasaron, por
el que recuerdan haber estado, fue donde llegaron desnudos y con los ojos
inundados de realidad en una esquina oscura… medicina envuelta en papel celofán
para pasar el amargor de la caída o saltar de nuevo al reencuentro en el
espacio exterior.
Tomo el último que
quedaba y salto sin mirar atrás, fijo a su deseo, a su blanco y mínimo paraíso
frutal, a la hendidura facial que todos tenemos, pero que pocos se les merece
escuchar, que a pocos se les puede poner atención… y por un mínimo momento el
dolor del pecho desapareció…
- ¿Por qué yo, por
que no escogiste ente las miles de otras estrellas que existen?
Pregunto la
estrella al perro que le aullaba.
- Porque ninguna es
como tú, nadie tiene ese destello breve, que solo los que miran fijamente el
cielo a media noche, ven y entienden ese destello…
- Los caminos son
estrechos, tú andas por la tierra caminando y yo por la noche observando como
todos duermen… tu aullido me gusto, pero no puedo aceptarlo, no puedo
retenerlo.
Dijo la estrella
mirando hacia el cielo.
- Aveces cuando necesito respirar, salgo a
caminar por la noche y allí estas tú, silenciosa observando como todos duermen
y yo desde acá sentado en la oscuridad con el insomnio que te muestro…
observándote callado sentado en mi pesar te comencé a ladrar y de apoco a
conversar. Y me gusto… quise y quiero que una noche bajes y yo suba y nos
juntemos en medio de la nada, solos tu y yo, donde no hayan gritos, ni ojos
observando…
Respondió el perro
prendiendo un cigarrillo.
- No puedo… hay
algo que me lo impide; ¿serán la nubes de invierno, las próximas lluvias de
abril? No lo sé, tal vez los puntos cardinales o el poco aire que hay allá
abajo, no lo sé.
- Puedo compartir
mi pulmón izquierdo si lo deseas, compartiría los dos pero el derecho está
teñido de rabia.
- Gracias, pero por
el momento no… me gustó mucho tu aullido, pero creo que no se volverá a
repetir, eso dicen las leyes del cielo, y aun no quiero caer.
- Esta bien, no hay
problema cuando quieras puedes dejarte caer, puede ser tan fugaz como quieras,
tan oculto como el lado oscuro de la luna, sin que nadie sospeche, mi insomnio
me tendrá aquí observando silencioso en la oscuridad, tú ya sabes dónde me encuentro.
- Gracias por
entender, y si tranquilo ya se dónde encontrarte… adiós.
- Hasta pronto.
El perro regreso
a su escondite nocturno y ella siguió su camino estelar.
El dolor a su pecho
angular volvió otra vez y todo regreso al error de montaje habitual,
Un último sorbo de
humo, y salieron de la esquina perdida del mundo, tomados de la mano saltando
cabezas muertas de serpientes verdes… tratando de sacudirse el pecado de la
piel impuesto por el dictador celestial, se acercaban rápidamente a las calles
iluminadas de inmundicia humana, de codicia y de falso respirar… cruzaron
arterias llenas de oscuro pesar.
El
adiós y el olvido
Con el temblor en
sus manos sostenía lo que quedaba de la alucinación liquida, de la alucinación
violenta, de la alucinación astral… mientras el ruido de la cuidad empezaba a
desaparecer paulatinamente, él la envolvió en un abrazo, de esos que van por
debajo de la piel… esos abrazos que llegan a doler de lo verdaderos que son.
La miro fijamente a
los ojos y respiro profundo para llevarse consigo un poco de su perfume, de su
aroma a carne viva, a sueños… a deseo.
Depositó un beso en
su cuello y otro en sus manos, la miro nuevamente como para ver si se le
olvidara recordar algo, él sabía que no la volvería a ver de esa forma,
flotando en el aire con los pies descalzos, con esa tristeza en sus ojos que
los hacen únicos.
El alcohol ya
empezaba a evaporarse y Morfeo a jalar de sus pies.
- adiós.
- chao.
Se dijeron, ella
desaprecio en una vuelta amarga y oscura, él siguió en su marcha fúnebre…
detuvo un ataúd que floraba por el río de asfalto, lo abordo y navego hasta
donde ya no hay agua ni mar, solo cenizas y piedras… al comenzar el viaje tapo
sus oídos y se durmió.
“Despertó con sus pies húmedos, con un
raro aroma en sus manos…
Era… era olor a carne viva, también tenía
su labio inferior sangrando,
Y en su interior el deseo de seguir
sangrando.”
FIN.
B/F
Marzo/2009
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