8/4/11

El Deseo Ebrio y El Olvido



“Y bajo la mirada tenebrosa de los dioses
Se reencontraron comunicando silencio.
Los pezones de la mujer se derretían exquisitamente en el aire mientras se alejaba, 
El despertó con un sabor extraño a frutas en su boca, y despertó…”

El deseo ebrio y el olvido


Sentados en un agujero en la esquina del mundo, veían hacia afuera a través de bombillas espumosas. Saliendo del agujero pateando los últimos rayos del sol caminaban por túneles subterráneos, guardado el silencio incómodo y solo escuchando la respiración de la nada… caminado bajo los neones espías, ocultándose entre las sombras bebiendo realidad mágica… conversando en alaridos de impaciencia, acercándose al choque de dos planetas.
1er golpe un regalo.
2do golpe el deseo.
3er golpe y la inevitable colisión. (Por lo menos para uno de ellos deseaba que fuera inevitable).
Colisión violentamente secreta, violentamente dulce, violentamente esperada, deseada,
Violentamente exquisita, violentamente olvidada, violentamente dolorosa…
Un momento violentamente eterno… hasta el olvido volaba por trozos montado en estrellas fugaces, tratamos de olvidar todo… por lo menos esa era la intención…


El olvido y el reencuentro


Praderas flotantes con humo rosa en los labios
Trataba de esconder el miedo y el sabor de la colisión anterior…
Reían mientras flotaban en el mar interno de la tierra, en una de sus venas, en una de las más sucias… prendieron fuego y danzaron en fotogramas mal expuestos, entrando y saliendo de distintos escenarios, en uno de los miles por los que pasaron, por el que recuerdan haber estado, fue donde llegaron desnudos y con los ojos inundados de realidad en una esquina oscura… medicina envuelta en papel celofán para pasar el amargor de la caída o saltar de nuevo al reencuentro en el espacio exterior.
Tomo el último que quedaba y salto sin mirar atrás, fijo a su deseo, a su blanco y mínimo paraíso frutal, a la hendidura facial que todos tenemos, pero que pocos se les merece escuchar, que a pocos se les puede poner atención… y por un mínimo momento el dolor del pecho desapareció…


- ¿Por qué yo, por que no escogiste ente las miles de otras estrellas que existen?


Pregunto la estrella al perro que le aullaba.


- Porque ninguna es como tú, nadie tiene ese destello breve, que solo los que miran fijamente el cielo a media noche, ven y entienden ese destello…


- Los caminos son estrechos, tú andas por la tierra caminando y yo por la noche observando como todos duermen… tu aullido me gusto, pero no puedo aceptarlo, no puedo retenerlo.


Dijo la estrella mirando hacia el cielo.


- Aveces cuando necesito respirar, salgo a caminar por la noche y allí estas tú, silenciosa observando como todos duermen y yo desde acá sentado en la oscuridad con el insomnio que te muestro… observándote callado sentado en mi pesar te comencé a ladrar y de apoco a conversar. Y me gusto… quise y quiero que una noche bajes y yo suba y nos juntemos en medio de la nada, solos tu y yo, donde no hayan gritos, ni ojos observando…


Respondió el perro prendiendo un cigarrillo.


- No puedo… hay algo que me lo impide; ¿serán la nubes de invierno, las próximas lluvias de abril? No lo sé, tal vez los puntos cardinales o el poco aire que hay allá abajo, no lo sé.


- Puedo compartir mi pulmón izquierdo si lo deseas, compartiría los dos pero el derecho está teñido de rabia.


- Gracias, pero por el momento no… me gustó mucho tu aullido, pero creo que no se volverá a repetir, eso dicen las leyes del cielo, y aun no quiero caer.


- Esta bien, no hay problema cuando quieras puedes dejarte caer, puede ser tan fugaz como quieras, tan oculto como el lado oscuro de la luna, sin que nadie sospeche, mi insomnio me tendrá aquí observando silencioso en la oscuridad, tú ya sabes dónde me encuentro.


- Gracias por entender, y si tranquilo ya se dónde encontrarte… adiós.


- Hasta pronto.


El perro regreso a  su escondite nocturno y ella siguió su camino estelar.


El dolor a su pecho angular volvió otra vez y todo regreso al error de montaje habitual,
Un último sorbo de humo, y salieron de la esquina perdida del mundo, tomados de la mano saltando cabezas muertas de serpientes verdes… tratando de sacudirse el pecado de la piel impuesto por el dictador celestial, se acercaban rápidamente a las calles iluminadas de inmundicia humana, de codicia y de falso respirar… cruzaron arterias llenas de oscuro pesar.



El adiós y  el olvido


Con el temblor en sus manos sostenía lo que quedaba de la alucinación liquida, de la alucinación violenta, de la alucinación astral… mientras el ruido de la cuidad empezaba a desaparecer paulatinamente, él la envolvió en un abrazo, de esos que van por debajo de la piel… esos abrazos que llegan a doler de lo verdaderos que son.
La miro fijamente a los ojos y respiro profundo para llevarse consigo un poco de su perfume, de su aroma a carne viva, a sueños… a deseo.
Depositó un beso en su cuello y otro en sus manos, la miro nuevamente como para ver si se le olvidara recordar algo, él sabía que no la volvería a ver de esa forma, flotando en el aire con los pies descalzos, con esa tristeza en sus ojos que los hacen únicos.
El alcohol ya empezaba a evaporarse y Morfeo a jalar de sus pies.


- adiós.



- chao.


Se dijeron, ella desaprecio en una vuelta amarga y oscura,  él siguió en su marcha fúnebre… detuvo un ataúd que floraba por el río de asfalto, lo abordo y navego hasta donde ya no hay agua ni mar, solo cenizas y piedras… al comenzar el viaje tapo sus oídos y se durmió.





“Despertó con sus pies húmedos, con un raro aroma en sus manos…
Era… era olor a carne viva, también tenía su labio inferior sangrando,
Y en su interior el deseo de seguir sangrando.”            






FIN.



B/F
Marzo/2009
            


      


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