…Me despedí de mi alma
Y salte, caí desde el segundo cielo
Desde la silla de ruedas
Desde las flores vidriosas
Desde sus pechos de tierra
Desde sus manos pequeñas que solo pulsan lo preciso
Desde abrazos reales e ilusiones de algodón rosa…
Y salte, caí desde el segundo cielo
Desde la silla de ruedas
Desde las flores vidriosas
Desde sus pechos de tierra
Desde sus manos pequeñas que solo pulsan lo preciso
Desde abrazos reales e ilusiones de algodón rosa…
El conejo del bosque
Caminando por el bosque, prendiendo mis
ojos, vi de pronto en el suelo, pequeñas huellas que se cruzaban por el sendero
en el cual yo caminaba. Me detuve para ver bien a quien le pertenecían y de
pronto, frente a mí, pasa muy rápido…un conejo!
Pasó tan rápido, que casi no pude ver sus patas, y cada cierto tiempo, el conejo volvía a cruzar el camino frente a mí.
Anocheció y decidí arrimarme a un árbol para pasar la noche.
Con la curiosidad de saber cómo era el conejo que había visto hace unas horas.
Lo busqué y no encontré nada más que sus huellas dirigiéndose hacia algún lugar.
Desperté y vi que a mi alrededor habían huellas de conejo. Me di cuenta que él solo buscaba las zanahorias que tenía detrás de mí oído sordo.
Al anochecer, me quedé en el mismo lugar y esperé para poder dárselas, pero mientras dormía, el muy pillo me las robaba, caminaba en puntillas oliendo el viento, con cautela, tratando de que ni dios lo escuchara…
Cada día al amanecer, veía que las zanahorias se iban acabando de a poco. (Era un conejo educado, ya que me robaba de a una zanahoria diaria)
Cada noche me quedaba despierto lo más que podía, para poder verlo, pero el sueño vencía mis ansías de conocerlo.
Hasta que una noche, el sueño jamás llegó. Y lo pude ver, no se resistió, de entre los arbustos me miraba silenciosamente. Se acercó despacio, muy tranquilo.
Saqué una zanahoria de mi oído sordo y se la ofrecí, y delicadamente se acercó y la tomó de entre mis dedos.
Se sentó frente a mí mirándome fijamente a los ojos, y comenzó a comérsela con cuidado, tratando de no botar ninguna migaja.
Pasó tan rápido, que casi no pude ver sus patas, y cada cierto tiempo, el conejo volvía a cruzar el camino frente a mí.
Anocheció y decidí arrimarme a un árbol para pasar la noche.
Con la curiosidad de saber cómo era el conejo que había visto hace unas horas.
Lo busqué y no encontré nada más que sus huellas dirigiéndose hacia algún lugar.
Desperté y vi que a mi alrededor habían huellas de conejo. Me di cuenta que él solo buscaba las zanahorias que tenía detrás de mí oído sordo.
Al anochecer, me quedé en el mismo lugar y esperé para poder dárselas, pero mientras dormía, el muy pillo me las robaba, caminaba en puntillas oliendo el viento, con cautela, tratando de que ni dios lo escuchara…
Cada día al amanecer, veía que las zanahorias se iban acabando de a poco. (Era un conejo educado, ya que me robaba de a una zanahoria diaria)
Cada noche me quedaba despierto lo más que podía, para poder verlo, pero el sueño vencía mis ansías de conocerlo.
Hasta que una noche, el sueño jamás llegó. Y lo pude ver, no se resistió, de entre los arbustos me miraba silenciosamente. Se acercó despacio, muy tranquilo.
Saqué una zanahoria de mi oído sordo y se la ofrecí, y delicadamente se acercó y la tomó de entre mis dedos.
Se sentó frente a mí mirándome fijamente a los ojos, y comenzó a comérsela con cuidado, tratando de no botar ninguna migaja.
Después de un rato le ofrecí otra, y me dijo:
- No gracias. Por ahora no.
- No gracias. Por ahora no.
Solo se acercó y se
sentó a mi lado a ver como moría la noche.
Sin decir nada tomo mi
mano y se apoyó en ella, y se durmió.
Me quede dormido junto
a él, y al despertar, ya no estaba.
Al día siguiente
regresó y conversamos un momento eterno a la orilla de un río
Mientras yo le ofrecía
más zanahorias, hablábamos de nuestras vidas.
Tomó mi mano y se apoyó
en ella, y se durmió.
Dormí junto a él, y al
despertar ya no estaba.
Al día siguiente
regresó. Conversamos de un montón de cosas en la copa de un árbol, donde
arrojábamos cosas a la gente que pasaba por debajo de aquel árbol. Nos reímos
hasta el punto de llorar, fue un día magnifico (uno de los pocos que puedo
recordar).
Tomó mi mano y se apoyó
en ella, y se durmió.
Y dormí junto a él, y
al despertar ya no estaba.
Al día siguiente
esperé que regresara…
Y no regresó.
Esperé al día
siguiente, y al día siguiente. Y no regresó.
Y me encontraba solo
en medio del bosque, ya no sabía cómo regresar.
Una noche, regresó de
sorpresa.
La alegría fue
inmensa, casi insoportable. Le ofrecí una de las ultimas zanahorias que me quedaban,
que había guardado especialmente para él, y se la comió con tanta delicadeza
como si fuese la última que se comería en su vida.
Estuvo conmigo pero
solo fue un momento.
Recuerdo que tomó mi
mano y no la soltó en todo ese momento. Recuerdo que también olía muy bien.
Me dijo que tenía que
hacer un viaje y que no sabría cuando nos volveríamos a ver.
Eso me entristeció
mucho. Le dije que por favor me llevara, que me ocultara en su maleta. Solo me
miró y sonrió.
Lo acompañé hasta la ribera
del río, donde me dio un abrazo, y estrechó fuertemente mis manos. Y se fue… Pasó
bastante tiempo, hasta que decidí ir a buscarlo. Busqué su madriguera por todo
el bosque, hasta que la encontré. Y ahí estaba, igual que siempre, me miro y
sonrió.
Le llevé unas zanahorias
de las que tanto le gustaban, pasamos toda la tarde riéndonos,
(en el fondo sabía que
sería la última vez que lo vería, no entendí la razón o el motivo por el cual
esa vez sería la última vez que lo vería, simplemente lo sabía) recordando los
momentos más gratos de sus visitas en el bosque, y le dije que nunca había
tenido la suerte de tener una amistad como la nuestra.
Él solo tomó mi mano y
se apoyó en ella sin decir nada…
Estreché su mano con
fuerza, como para llevarme un trozo de él conmigo, y me marché.
...Y mi cabeza golpeó el suelo,
Haciéndome perder la vista.
Busque en la ribera del río obscurecido
Que pasaba por mi pecho.
Sentado en mi espalda,
Vi pasar un conejo
Que me miraba desde lejos…
Miré mis manos,
Y alumbré la noche para buscar...
Y ya no estaba.
Fin.
B/FMayo/2007
Sabias que este me gusta??... lo leí hace un poco mas de 7 meses, me encanto y me seguirá encantando día y noche.
ResponderEliminarTambién creo recordar que en ese momento te dije que eras un hombre muy solitario, que buscaba una mascota por último puedo decir ahora que ya no, no busques mas esa mascota.
Podré ser tu conejito??, TAma Yasna.