Nuestra
mente envejece
Bajo esta
cálida oscuridad.
Y mis
ojos ya no soportan la frialdad de la luz,
Que
rebota en mis viejos zapatos.
Me
quema la garganta,
Ya
desgarrada de tantas palabras de ira,
Arrojada
hacia los agujeros de tu cabeza.
Miro y
espero a que el cielo calle,
Para
así oír cada llanto al amanecer.
Cada
delirio,
Cada
amargura.
Soy una
hoja seca del árbol más viejo,
Listo
para caer.
Y me
enredaré en tu pelo.
Ya no
puedo librarme de morir,
Ni
tampoco de todo esto.
Bésame
y toma mis manos.
Tus
labios son mi descanso,
Mi
querida muerte.
Llueve
en mis brazos temblorosos,
Pero no
puedo librarme de esto.
No
puedo librarme de esto,
¿Por
qué esto está en mis venas?
¿Jamás será suficiente lamento?
B/F
12 de Octubre 2001.
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